KINGS AND QUEENS OF KIBERA
Ubicado en las afueras de Nairobi, Kibera es el segundo asentamiento informal más grande de África. En esta red de chabolas se cree que más de un millón de personas viven en condiciones precarias y de pobreza extrema. La violencia y las enfermedades infecciosas, como el VIH, la malaria o la tuberculosis, forman parte de la lucha diaria y son las principales causas de la impactante tasa de muertes prematuras. La situación se agrava por la falta de higiene y de agua potable, que hace que las calles sean casi intransitables, con un flujo constante de aguas residuales y montones de basura acumulada.
El gobierno keniano no parece prestar demasiada atención a esta parte marginada de la población ni a otras zonas desfavorecidas del país. Las entidades públicas, como la policía —a menudo corrupta—, no se adentran en sus laberintos de metal y barro. Sin embargo, numerosas ONG están presentes allí, apoyando clínicas de salud, hospitales y escuelas.
La gran mayoría de la población vive con menos de un dólar al día y debe enfrentarse a una realidad marcada por el desempleo y un rápido crecimiento demográfico. Las mujeres destacan en esta lucha cotidiana, ya que se ocupan de los hijos ante la frecuente ausencia del marido o del padre. Además de encargarse de las tareas domésticas y de la crianza, intentan ganar algo de dinero, a menudo vendiendo productos en la calle. De media, cada mujer tiene entre cuatro y ocho hijos, lo que hace que pagar la educación sea casi imposible. Como consecuencia, muchos jóvenes terminan deambulando por las calles con pocas esperanzas de un futuro mejor.
Ante la falta de alimentos, educación y servicios sanitarios, el futuro de quienes viven aquí es desalentador. No obstante, en medio de las dificultades de los suburbios, los habitantes de Kibera siguen luchando, buscando la manera de salir adelante y logrando convertir su asentamiento en un hogar.