AL ARRASTRE
El método de pesca de arrastre sigue siendo ampliamente utilizado en muchos puertos debido a su eficiencia y rapidez a la hora de capturar peces. Sin embargo, es una práctica altamente destructiva, que causa un daño significativo al lecho marino y a su ecosistema. En consecuencia, su legalidad cada vez se cuestiona más.
Los barcos suelen zarpar del puerto a las 5 de la mañana y se dirigen hacia el mar hasta llegar al lugar donde lanzan sus redes. El capitán, que estudia los mapas y el lecho marino para determinar dónde habrá la captura más abundante, planifica cuidadosamente cada travesía con antelación.
La red se hunde hasta el fondo y se arrastra durante unas tres horas, raspando todo a su paso. Se mantiene abierta gracias a dos grandes “puertas” de metal unidas al barco, lo que le permite recoger toda la vida marina en su trayectoria. Durante la temporada alta, se pueden realizar hasta cuatro sesiones de arrastre diarias.
Mientras la red opera, la tripulación aprovecha el tiempo para descansar, comer o realizar otras tareas a bordo. Una vez que se sube la captura, los peces se clasifican mientras la red se prepara para otro arrastre.
El trabajo puede volverse especialmente exigente durante fuertes tormentas, ya que los movimientos del barco, provocados por las olas, hacen que las operaciones sean más peligrosas y difíciles.
La jornada concluye con el recuento de la pesca, que luego se lleva a los mercados para su venta.